sábado, 21 de septiembre de 2013

Una campaña pendiente

Una campaña pendiente
septiembre 20, 2013 |
Irina Echarry

HAVANA TIMES — Mucho se comenta sobre la reciente campaña de las cintas
amarillas. Lo que más llamó mi atención fue comprobar cómo la gente, sin
pensarlo bien, asume un producto. Claro, todo depende de la forma en que
se promueva.

Esta campaña se basó en una historia de amor, nosotrxs llevamos años de
entrenamiento con las telenovelas, lo que nos ha hecho receptivxs ―si es
que ya no lo éramos― a códigos sensibleros y tan manidos como el amor
eterno, la fidelidad en el matrimonio, la madre que no traiciona a sus
hijos, etc.

Entonces estaba claro que no era una tarea difícil implicar a mucha
gente: identifico un valor (la fidelidad) con un color (el amarillo);
hago el cuento bonito, emocionante; digo lo que debemos hacer; empiezo a
poner cintas por la ciudad… seguro que la llama prende.

La mañana del 12 de septiembre las calles se cubrieron de una marea
amarilla: blusas, camisetas, cintas, aretes, pulóvers, lazos en los
balcones, en los parabrisas de los autos, en las puertas de las casas.

Y, aunque muchxs nos preguntamos si era doble moral o verdaderos deseos
de justicia, después de caminar entre "la masa" debo reconocer que más
allá de los motivos, la mayoría de la gente estaba involucrada.

Incluso, hubo hasta un poco de creatividad, pues no todo se limitó a las
solicitadas cintas ―que el Estado vendió―. Unos fueron más discretos y
colgaron de sus llaveros figuras de origami con papel amarillo; otras,
simplemente, prefirieron solo un collar del color del sol.

En una guagua escuché a un grupo de jóvenes comentando sobre las
consecuencias de la falta de libertad "de esa pobre gente, mío, que
están en cana".

Lo más falso lo vi en Alamar: frente a la plaza de África un grupo de
niños gritaba libertad, libertad, mientras la maestra los mandaba a
callar advirtiéndoles que seguirían ensayando hasta que todxs lo
gritaran bien alto. Sin contar los spots televisivos que bombardearon
por esos días las pantallas cubanas.

Me asombra tanto entusiasmo. Hace poco hubo una campaña contra la
violencia de género, el color escogido en este caso fue el violeta ―que
dicen es el color del feminismo―, sin embargo muy pocxs se sumaron.

La lideraba una cantante, Rochy. Si bien es cierto que no es tan popular
entre el gran público, con la apatía que existe en la isla una pensaría
que es más fácil que los jóvenes sigan a una artista que a un político
como René.

Rochy y su equipo (por decirlo de algún modo) llevaron mensajes de paz y
equidad entre hombres y mujeres a todas las provincias del país; y no vi
que fuera tan masiva la participación.

Un poco antes la cantante Haila ―mucho más popular, sin dudas― estuvo al
frente de la campaña Únete patrocinada por el Secretario General de la
Organización de las Naciones Unidas también a favor de la eliminación de
la violencia contra mujeres y niñas.

La llamada Diva del Pueblo, enseñaba una mano con una sola uña pintada
de violeta, pero eso tampoco se hizo una moda entre lxs jóvenes.

Mi asombro es porque la campaña por la liberación de los Cinco (que ya
son cuatro) es muy particular, incluye solo a esos hombres y sus
familias; pero la violencia de género es un fenómeno de gran magnitud,
que afecta a la mayoría de las familias cubanas.

No pretendo que se imponga el uso de determinado color, es claro que
vestir de una forma u otra no cambia nada.

Lo interesante es comprobar que el Partido/Gobierno, puede hacer (o
apoyar) una buena campaña por la no violencia contra la mujer
desplegando recursos, originalidad; apelando a códigos sensibleros o no;
sensibilizando a las personas… hasta llegar a una ley específica sobre
violencia de género. ¿Por qué no lo hace?

Source: "Una campaña pendiente contra la violencia de género" -
http://www.havanatimes.org/sp/?p=90739

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