viernes, 13 de septiembre de 2013

El hombre que acabó con red cubana de espionaje

El hombre que acabó con red cubana de espionaje
Edgerton Ivor Levy fue pieza clave para el desmantelamiento de la mayor
red de espionaje cubano en Estados Unidos en cinco décadas.
Wilfredo Cancio Isla/ Diario Las Américas
septiembre 13, 2013

Edgerton Ivor Levy se ha refugiado en el trabajo, el amor a la familia y
el disfrute de las bondades simples de la vida. El hombre que fue pieza
clave para el desmantelamiento de la mayor red de espionaje cubano en
Estados Unidos en cinco décadas, prefiere estar alejado del acontecer
público y trabaja en silencio para dejar testimonio escrito de su
experiencia como agente de inteligencia enviado por La Habana.

Los cinco agentes.

Gerardo Hernández Nordelo, oficial ilegal, alias Manuel Viramontes,
Daniel Cabrera, Giraldo, Giro. Graduado del Instituto Superior de
Relaciones Internacionales (ISRI) de La Habana. Residía en North Miami
Beach. Condenado a dos cadenas perpetuas más 15 años.

Ramón Labañino Salazar, oficial ilegal, alias Luis Medina, allan,
Johnny, Oso. Graduado de Economía. Residía en Hollywood, Florida.
Condenado a cadena perpetua más 18 años, sentencia que fue reducida a 30
años. Debe quedar en libertad el 30 de octubre de 2024.

Fernando González Llort, oficial ilegal, Rubén Campa, Vicky, Camilo,
Oscar. Graduado del ISRI. Residía en Holywood. Su misión era como
sustituto del jefe de la red y de Labañino cuando viajaban a Cuba.
Residía en Hollywood, Florida. Condenado a 19 años, sentencia reducida a
17 años y nueve meses. Debe quedar en libertad el 27 de febrero del 2014.

Antonio Guerrero Rodríguez, alias Lorient, Roberto González Díaz.
Experto en explosivos y graduado de Ingeniero en construcción de
aeródromos. Residía en Big Oine Key, Florida. Condenado a cadena
perpetua más 10 años, sentencia reducida a 21 años y 10 meses. Debe
quedar en libertad el 18 de septiembre del 2017.

René González Schwerert, alias Castor, Iselín. Piloto e instructor de
vuelo. Residía en el suroeste de Miami-Dade. Sentencia de 15 años.
Liberado con tres años de probatoria el 7 de octubre del 2011. Renunció
a su ciudadanía estadounidense y se quedó a vivir en Cuba en mayo del 2013.


Por estos días acaba de concluir un libro que narra sus vivencias desde
que fue captado y preparado por los servicios de inteligencia castrista
para venir a Miami con la máscara de un desertor que huye con su
familia. Acompañado por su esposa y el hijo de ambos, de 4 años, Levy
llegó a Cayo Hueso el 24 de junio de 1993, en un simulacro de salida
ilegal desde la base de Tropas Especiales en Jaimanitas, al oeste de La
Habana. "Cuando el FBI decidió acabar con la actividad de la red, tenía
una gran incertidumbre en cuanto a cómo iba a ser interpretada nuestra
participación en estos hechos", comentó Levy, de 64 años, en entrevista
con DIARIO LAS AMÉRICAS. "De ahí que en enero de 1999 opté por comenzar
a escribir y dejar aclarado por qué me encontré envuelto en estos
acontecimientos".

La misión encomendada a Levy y su esposa, entrenados como los agentes
Ariel y Laura, de la Dirección de Inteligencia (DI) cubana, era a largo
plazo. Habían recibido entrenamiento técnico y preparación sicológica
para asentarse en el área de Miami, sobrevivir por su propia cuenta y
emprender las tareas de penetración en la comunidad exiliada. Pero el
matrimonio, ambos profesores de la Facultad de Filosofía e Historia de
la Universidad de La Habana, decidió asumir la encomienda como una
oportunidad única para escapar de la isla. Y tras el arribo a Estados
Unidos, buscó de inmediato comunicarse con el FBI para revelar los
verdaderos propósitos de su aparente fuga fantástica a Miami. De manera
que las autoridades estadounidenses tuvieron conocimiento del caso desde
que Levy entró en contacto con el jefe de la Red Avispa, Gerardo
Hernández, a mediados de 1994.

Diez de sus integrantes fueron arrestados en la madrugada del 12 de
septiembre de 1998, mientras al menos seis escaparon a Cuba. La red
estaba integrada por al menos 27 miembros, entre agentes y oficiales
ilegales. Con posterioridad, otros dos agentes fueron arrestados y dos
más terminaron deportados a la isla. Cinco de ellos fueron condenados a
largas sentencias de prisión en el 2001. Levy sostiene que el
responsable por el desmantelamiento, arresto y encausamiento de los
miembros de la red no es otro que Fidel Castro. "Al ordenar Fidel Castro
el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate [en 1996], involucró
a miembros de la Red Avispa en ese crimen y el FBI se vio obligado a
tratar el caso como una actividad criminal… Eso explica la obsesión de
Fidel Castro con este caso y sus promesas de que volverán".

Cuba despliega actualmente una intensa campaña propagandística para la
liberación de los cuatro agentes que permanecen encarcelados en Estados
Unidos, presentándolos como héroes y luchadores antiterroristas. Pero
Levy tiene otra versión sobre lo que constituyó un complejo andamiaje de
penetración en el sur de la Florida. "El verdadero objetivo del
espionaje cubano en Estados Unidos es el trabajo de penetración e
influencia en las esferas de Gobierno, militar, académica, medios de
prensa y organizaciones sociales", manifestó Levy. "Los casos de Ana
Belén Montes, la espía sembrada por Cuba en el Pentágono, y el
matrimonio de Kendall y Gwendolyn Myers, que por 30 años pasaron
secretos del Departamento de Estado a La Habana, prueban del empeño del
régimen en vulnerar la seguridad nacional estadounidense".

Según el exagente, desde que inició sus actividades en el sur de la
Florida, la Red Avispa dirigió sus principales esfuerzos a penetrar el
Comando Sur, mediante la "Operación Surco", que fue una prioridad
planteada por el general de brigada Eduardo Delgado Rodríguez, jefe de
la Dirección de Inteligencia, aún antes de que el Comando Sur se
trasladara para Miami en 1997. A mediados de 1996, el matrimonio de los
agentes Joseph Santos y Amarylis Silveiro -que se declararon culpables y
cooperaron con las autoridades estadounidenses- comenzó la realización
de un levantamiento operativo del área donde se alzarían las
edificaciones del Comando Sur.

Ambos agentes habían sido originalmente preparados para trabajar contra
la Estación Aeronaval de Roosevelt Roads, en Puerto Rico, antes de
recibir instrucciones de reubicarse en Miami. "Las órdenes y la
supervisión correspondían al oficial Hugo Soto", recordó Levy. Soto, que
escapó a Cuba a raíz del desmontaje de la red de espionaje, aparece en
los documentos desclasificados por la fiscalía con los alias de Ricardo
Villarreal, Horacio y Roco. Levy y Soto se conocían de Cuba y se
reencontraron en Miami. Soto había cumplido una misión anterior en
México, donde fundó una agencia de turismo con el apoyo monetario de la
familia de su esposa mexicana. "La agencia de turismo le permitió
trasladarse por América Central para mover armamentos y explosivos",
señaló Levy. "Él me confesó que estuvo vinculado al atentado contra
[Luis] Posada Carriles en Guatemala en 1990, pues trasladó las armas y
se las entregó a quienes realizaron la acción".

Una vez establecido en Estados Unidos, Levy tenía la orientación de
asistir a una reunión el primer y tercer domingos de cada mes en las
afueras de una tienda K-Mart en North Miami. Debía ir con un libro bajo
el brazo y vestido con una gorra, pulóver blanco, jeans y tenis, y
repetir la visita horas después. Cuando ya estaba dudando de que lo
contactarían, en mayo de 1994 se produjo su primer encuentro con Gerardo
Hernández, quien lo abordó con la contraseña acordada en Cuba. "Yo dejé
en Cuba unos yugos que eran un recuerdo de mi padre y él tenía que
entregármelos aquí preguntándome si había perdido algo", relató. Levy
mantuvo relaciones con los oficiales ilegales Gerardo Hernández, Ramón
Labañino, Fernando González, Hugo Soto y alias Remigio Luna. No conoció
personalmente a ningún agente de la red, aunque supo de la actividad que
realizaban algunos de ellos.

En 1997, el oficial Ramón Labañino -quien cumple una condena de 30 años-
asumió la supervisión del trabajo de Levy. Labañino, un especialista en
la penetración de objetivos militares, fue asignado para dirigir la
infiltración en el Comando Sur. Entre 1993 y finales de 1996, se mantuvo
operando contra la base de la fuerza aérea de Mac Dill, en Tampa, donde
se controla y dirige el tráfico aéreo militar de Estados Unidos hacia y
desde el Caribe, Centro y Suramérica. "Labañino era un tipo de
comportamiento violento y un virulento defensor del régimen. Tuvimos
discusiones bien serias en más de una oportunidad y nos amenazaba
constantemente con enviarnos de vuelta a Cuba si no teníamos resultados
operativos", explicó Levy.

Levy fue instruido por Labañino para penetrar el círculo cercano de los
congresistas cubanoamericanos Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart,
con la tarea de obtener "resultados inmediatos". "La idea era tratar de
llegar a conocer cosas que podían ser utilizadas en contra de los
congresistas, como elementos de su vida personal, para desprestigiarlos
y socavar la importancia de su labor en la comunidad", explicó. Al
preguntársele si estaría a favor de la liberación de los cuatro agentes
que aún siguen presos, respondió: "Cuando me decidí a cruzar el Estrecho
de la Florida, arriesgando la vida de mi esposa y la de mi hijo menor,
sabía a lo que me atenía. Cuando decidí no prestarme a realizar
actividades ilegales en este país, estaba seguro que de haberlo hecho
habría consecuencias. Estamos hablando de personas que no fueron
obligadas a hacer lo que ellos determinaron hacer y por lo tanto, deben
atenerse a sus decisiones", opinó.

Confesó que el peor trauma que le tocó vivir en estos años fue "el
sentimiento de inseguridad de lo que podría acontecer y los riesgos a
que ha estado sometida mi familia". "Es algo que ha prevalecido
siempre", afirmó Levy. "El estrés a que estuvo sometida mi familia fue
desgarrador". La pareja dejó detrás a hijos tres hijos, una hembra y dos
varones, de matrimonios anteriores. "Afortunadamente, hoy día todos
están con nosotros", manifestó con evidente satisfacción. "Ya tenemos
cinco nietos, nacidos en este país de libertad". ¿Cómo te gustaría que
te recuerde la historia? "Como alguien que quiso poner al descubierto
las verdaderas intenciones de Fidel Castro hacia Estados Unidos, en
detrimento del pueblo cubano". ¿Y te imaginas en algún momento
regresando a Cuba? "Realmente no, pero voy a sentir una inmensa alegría
el día que vea renacer una Cuba democrática".

Miembros de la red que cooperaron con Estados Unidos

Alejandro Alonso: Agente Franklyn y 0-5, Residente en Miami. Misión:
Infiltrarse en bases militares y organizaciones de exiliados como el
Movimiento Democracia. Sentenciado a siete años.


Esposos Linda y Nilo Rodríguez: Alias Los Juniors, agentes Judith y
Manolo. Residentes en Miami. Misión: espiar la Base Aérea de Homestead y
la Base de la 82 División de Infantería Aerotransportada en Fort Bragg,
Carolina del Norte. Sentenciados a siete años cada uno.


Esposos Joseph y Amarylis Santos: Agentes Julia y Mario. Residentes en
Miami. Misión: penetrar las redes de computación del Comando Sur.
Sentenciados a cuatro años (Joseph) y tres años y seis meses (Amarylis).


Esposos George y Marisol Gari: Agentes Luis y Margot. Residentes en
Florida. Misión: observación de la Base Aérea de MacDill (Tampa) e
interceptación de correspondencia de cubanoamericanos fichados por la
inteligencia cubana, valiéndose de que Marisol era empleada del Servicio
Postal en el Aeropuerto de Miami. Sentenciados a siete años (George) y
tres años y seis meses (Marisol).

Source: "El hombre que acabó con red cubana de espionaje" -
http://www.martinoticias.com/content/article/27423.html

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