lunes, 24 de junio de 2013

Desde la finca el espía pide más

Desde la finca el espía pide más
Juan Juan Almeida
junio 24, 2013

Las noticias de los lunes suelen ser poco halagüeñas, es por ello que me
arriesgo y en lugar de escribir una historia, prefiero compartir un
chisme que si no informa, entretiene.

Seguramente recuerdan el conjuro de aquel mago que para fiestas
pioneriles al calor de una fogata, antes de meter la mano en su sombrero
de copa, de donde luego sacaba una replica pequeña de la insignia
nacional, se persignaba y decía "Lo que hasta hoy un pañuelo era, que se
convierta en bandera"

Pues bien, resulta que hace unos días, mientras La Habana continúa su
lamentable bregar de prostitutas demacradas, delincuentes con decoro,
pobres intelectualizados, dirigentes trastornados, empresarios que
logran triunfar vendiendo espejitos robados, e izquierdistas que
defienden imágenes gastadas al fragor del Chivas Regal; un amigo me
llamó en tono conspirativo para decirme que René González Sehewert, el
conocido ex convicto integrante de la banda "Las Avispas 5 u 4", cometió
la indiscreción de manifestar su molestia, porque a su entender, en Cuba
no se le ha brindado el tratamiento merecido.

¿Por qué creer? – pregunto yo - Es cierto que, de tanto mentir, quien
practica el espionaje desarrolla un constante conflicto con la palabra
lealtad; pero también es cierto que el 29 de diciembre de 2001, la
Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba otorgó en sesión especial el
título honorífico de Héroe de la República de Cuba a Gerardo Hernández,
Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando y René González.

Le presté oído a la historia, entonces me contó que el avispón René
González, en un acto de absoluta incoherencia debido a su conocida
condición legal, le escribió al General Raúl Castro; y este en
respuesta, en lugar de enviarle un psiquiatra, le mandó como emisario a
un funcionario (miope, tímido e impopular) del Ministerio de Relaciones
Exteriores, organismo conocido porque además de hacer notas de prensa,
gasta su tiempo y dinero en realizar papiroflexias.

El soplón, y el enviado, olvidando el viejo refrán "Lo que intentes
ocultar, siempre es visible para otros", se fueron lejos a cenar y
terminaron en La Finca, un súper exclusivo restaurant, ubicado en el
antiguo reparto Biltmore, hoy Siboney del municipio Playa.

De entrada pidieron crema de aguacate; y de segundo, hígado de oca a la
plancha en salsa de higos y frambuesas.

Este refugio gastronómico, por cierto muy aparatoso, en su estructura no
incluye carta de precios, esa se las debo; pero es lógico creer que a la
gente con gustos foráneos y tan poco proletarios se le estropeen los
ideales por problemas emocionales.

Pues bien, parece que algo saturado por la situación nacional, hasta el
espía desea que Dios lance sobre la isla un haz de luz que sea capaz de
romper el hechizo del viejo y monótono ciclo "Despertar, dormir, morir";
o en su defecto que le premie sacándole de la sencillez al lujo
excéntrico y palaciego. ¿Será que todos los espías terminan un tanto
dislocados?

Toda una fábula, difícil de digerir, pero me aseguran que a través de
este emisario, René le pidió al General, la posibilidad de un trabajo en
cualquiera de las embajadas de Cuba en Argentina, Bolivia, Venezuela o
Ecuador. Países a donde se ofrece viajar de incógnito, armado de sus
principios y como equipaje, su entredicha ética.

Después del postre, pero antes del café, poniendo cara de guasa y mirada
de lisonja, René alegó que como los astronautas y los médicos de
urgencia, los "agentes" también necesitan tiempo de descompresión.

Aún no pude comprobar la veracidad de esta historia; pero me hizo
recordar lo que un día se escribió para satirizar el manual de la
extinta KGB: "Los espías y delincuentes comparten esa fría integridad de
poder vender a sus madres con tal de obtener recompensa".

Source: "Desde la finca el espía pide más" -
http://www.martinoticias.com/content/article/23740.html

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