jueves, 9 de mayo de 2013

El caso René González

Red Avispa

El caso René González
Orlando Freire Santana | La Habana | 9 Mayo 2013 - 2:13 am.

El régimen deberá cambiar toda su parafernalia, pues ya no son cinco,
sino cuatro los espías presos en EEUU. En cuanto a González, ¿seguirá
siendo 'un héroe'?

La decisión de la jueza Joan Lenard de modificar las condiciones de
libertad supervisada del agente cubano René González, y permitirle que
permanezca en la Isla a cambio de la renuncia a su ciudadanía
estadounidense, le crea, a no dudarlo, un dolor de cabeza al castrismo.

En primer término, a partir de ahora se tendrán que modificar gran parte
de los medios que les han servido para armar la algarabía internacional
en torno al caso de "los cinco", pues pancartas, fotos, afiches y otros
aditamentos fueron confeccionados para reclamar la liberación de cinco
prisioneros, no de cuatro, que son los que quedan en cárceles
norteamericanas.

Fue un arsenal que se mantuvo, incluso, tras la salida de René González
de la cárcel, y su posterior estancia en Estados Unidos. Imaginamos la
ardua tarea que tiene por delante la señora Kenia Serrano, dedicada casi
a tiempo completo al caso de "los cinco" en su condición de presidenta
del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP). Ella deberá
coordinar la nueva estrategia con los grupos procastristas que, regados
por todos los continentes, llevan a la práctica una porción considerable
de esta política de Estado de las autoridades cubanas.

El otro elemento incómodo para la maquinaria de poder castrista es el
estatus de René González a partir de este momento. Para nadie es un
secreto que episodios como este de "los cinco" son usados por el
gobierno cubano para mantener latente el diferendo con Estados Unidos;
un diferendo que, a falta de otros discursos y ante una crisis general
en la vida de la nación, posibilita la adhesión de los ciudadanos al
evocarse su fibra patriótica. En ese contexto, las personas solo son
útiles cuando sirven para avivar el referido conflicto. Ejemplos de lo
anterior son los que sobran.

Los cinco agentes cubanos (Antonio, Gerardo, Ramón, René y Fernando)
fueron detenidos en 1998, pero los ciudadanos no se enteraron de la
noticia hasta el año 2001. ¿Cuál fue el motivo del prolongado silencio
de los gobernantes? Sencillamente, que en ese momento no les hacían
falta los agentes encarcelados para movilizar a la población en pos de
la psicosis antinorteamericana.

La cantaleta ideológica en esos años —que dio origen a las Mesas
Redondas de la televisión, a las tribunas abiertas, a la reaparición de
los semiolvidados Comandantes de la revolución— la propició el caso del
niño Elián González. (A propósito, llama la atención la mutación
experimentada por Elián y sus parientes; tras su regreso a Cuba, eran
presentados en las actividades públicas como "Elián y su digna familia".
Hoy casi nadie se acuerda de ellos.)

¿Destino Imperatori o destino Villavicencio?

Después del show con Elián, y antes de "los cinco", el régimen intentó
montar un espectáculo con un diplomático de apellido Imperatori. El
hombre en cuestión se hallaba destacado en Washington, y allí incursionó
en actividades incompatibles con su labor diplomática. Ante la
posibilidad de que fuera encarcelado por las autoridades
norteamericanas, la prensa oficialista lo cubrió de honores. En dos o
tres días dejó de ser un desconocido para convertirse en un "héroe de la
revolución".

Pero el castrismo salió trasquilado, ya que Imperatori únicamente fue
deportado a Canadá. De pronto falló la tribuna para orquestar el
discurso antiimperialista.

Pasaron los días y ni una palabra más se oyó acerca de Imperatori.
Algunos ciudadanos, curiosos, escribieron a los medios de prensa para
averiguar qué había pasado con el hombre. Entonces a las autoridades,
cogidas en su propia trampa, no les quedó más remedio que poner fin al
circo: fletaron un avión con artistas e intelectuales que se habían
destacado en el caso de Elián, y lo enviaron a Canadá a buscar al "héroe".

Tras el recibimiento en el aeropuerto de La Habana, Imperatori
desapareció de la luz pública. Quizás la cancillería haya recibido
instrucciones de la cúpula de mandarlo bien lejos: cónsul en Siberia,
encargado de negocios en la isla de Tonga.

El propio René González, durante su anterior estancia en Cuba con motivo
de la enfermedad de su hermano, conoció de la "discreción" del castrismo
hacia su persona. Para muchos cubanos fue inexplicable que esa visita
transcurriera casi en secreto: ni fotos, cero declaraciones a la prensa,
y desprovista de esas actividades populares "espontáneas" que los
castristas son maestros en organizar.

Ahora está por verse qué deferencias recibirá este "héroe", al que
muchos ciudadanos, víctimas de la propaganda oficialista, consideran
poco menos que un dios.

De todas maneras, lo que suceda con René González no será más que un
anticipo de lo que acontezca cuando, uno a uno, vayan siendo liberados
los otros agentes. Tal vez el único que conserve el "heroísmo" sea
Gerardo Hernández, que con sus dos cadenas perpetuas enfrenta el más
incierto de los escenarios.

En el mejor de los casos, los agentes repatriados podrían terminar como
el coronel Orlando Cardoso Villavicencio, ex prisionero en Somalia, una
figura decorativa al que le publican algún que otro libro de memorias y
lo invitan a ciertos actos oficiales.

http://www.diariodecuba.com/cuba/1368058422_3172.html

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