martes, 18 de septiembre de 2012

Doce es igual a cinco

Doce es igual a cinco
Martes, Septiembre 18, 2012 | Por René Gómez Manzano

LA HABANA, Cuba, septiembre, www.cubanet.org -En días recientes, el
sitio-web oficialista antiterroristas.cu y el periodiquito Granma han
publicado una serie de tres artículos del actual Presidente de la
Asamblea Nacional cubana, en los cuales, bajo el título genérico de "Un
reto al periodismo", el alto funcionario se refiere a la situación de
los espías cubanos presos desde hace catorce años en Estados Unidos.

Lo anterior es una constante en la actividad del doctor Ricardo Alarcón
de Quesada. Más que dedicarse a las labores de la especie de parlamento
que encabeza (el cual, como se sabe, sesiona apenas dos días al año), el
encumbrado personaje suele consagrar la mayor parte de su tiempo y
esfuerzos a los avatares del grupo de agentes encubiertos encarcelados.

Tanto es así, que el jefe de la flamante Asamblea suele ser llamado por
el pueblo, de manera sarcástica, con el sorprendente título de "ministro
de los Cinco". En este caso específico, el referido Presidente puso su
portentoso cerebro en función de esclarecer —como lo indica el nombre de
la serie— la intervención que tuvieron los comunicadores en este affaire
de espionaje internacional.

El líder congresional expresa su preocupación por los "artículos y
comentarios repetidos día y noche" que los informadores miamenses
publicaron "entre el 27 de noviembre del 2000 —día en que empezó el
juicio— y el 8 de junio del 2001". O sea: Alarcón se alarma porque los
periodistas locales, cumpliendo con su deber, hayan documentado a sus
lectores sobre un tema que resultaba de indudable interés para los
muchos cubanos residentes en la gran urbe floridana.

Él, lleno de santa indignación, exclama: "Del caso no se habló en los
despachos de las agencias cablegráficas; no apareció en las
publicaciones impresas ni en la radio y la televisión fuera de la
Florida". El planteamiento es cierto, sólo que el prominente personaje
olvidó precisar que esas palabras resultan aplicables también a la
prensa oficialista cubana. Y esto pese a que, como es obvio, para
quienes residimos en la Isla el caso revestía un interés no menor que
para nuestros compatriotas exiliados.

O sea, que mientras estos últimos conocieron todas las incidencias del
caso, así como lo declarado por los innumerables testigos que desfilaron
ante la corte floridana, los cubanos del Archipiélago éramos mantenidos
al margen de la "campaña propagandística de odio y hostilidad sin
precedentes", como diría el propio Alarcón.

Es por esa razón que, con excepción de los hispanos del Sur de la
Florida, la opinión pública mundial no tuvo acceso a los detalles del
caso. No supo —pues— de la declaración de los agentes del FBI que, tras
descifrar las claves secretas con las que la Red Avispa se comunicaba
con sus jefes en La Habana, conocieron el contenido pormenorizado de los
mensajes que se cruzaron entre éstos y aquélla. Lo anterior incluía las
contraseñas acordadas para que las avionetas civiles de Hermanos al
Rescate no fuesen derribadas en caso de que algún agente cubano se viese
obligado a abordarlas.

Ese sector ampliamente mayoritario de la población del globo tampoco
conoció —esto es apenas otro ejemplo más— sobre la declaración de los
siete isleños que aceptaron confesar su propia intervención en las
actividades de espionaje, a cambio de recibir castigos más benévolos.
Porque sí: aunque Alarcón y compañía silencien ese hecho vital, la
verdad es que los Cinco eran, en realidad, no menos de doce.

La ofensiva de propaganda y agitación desatada por el régimen cubano
sólo comenzó en la última sesión del juicio, cuando los acusados dieron
lectura a sus respectivas deposiciones finales. En la redacción de esos
textos —a no dudarlo— intervinieron juristas y responsables del
Departamento Ideológico del Comité Central del partido único.

Pero después los textos recibieron, con toda seguridad, el visto bueno
de la alta jefatura del régimen. Ellos estaban cuidadosamente diseñados
para servir de base a la campaña (esa sí "incesante" y "sin
precedentes") desatada por el castrismo y su séquito internacional de
incondicionales y tontos útiles, para dar respaldo a la omisa y
distorsionada versión castrista de los hechos.

http://www.cubanet.org/articulos/doce-es-igual-a-cinco/

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