jueves, 22 de septiembre de 2011

Castor entre sus víctimas

Publicado el jueves, 09.22.11

Castor entre sus víctimas
Daniel Morcate

Un hombre peligroso podría andar suelto pronto en nuestra comunidad. Se
llama René González y ha usado los nombres de guerra de Castor e Iselín.
Es uno de los cinco espías convictos como miembros de la Red Avispa que
los Castro infiltraron en el sur de la Florida. González cumpliría 12 de
los 15 años de su condena el 7 de octubre y saldría a la calle. El
gobierno y la justicia de EEUU afrontan el dilema de o bien soltarlo
entre nosotros durante otros tres años para que cumpla con los términos
de su libertad condicional o enviarlo de inmediato a Cuba donde lo
reclama la dictadura. La primera opción entrañaría un riesgo para
nuestra comunidad. La segunda, una injusticia para las víctimas.

La fiscalía y una jueza federal se inclinan a favor de que González, que
es norteamericano de nacimiento, cumpla su probatoria "bajo supervisión"
entre nosotros. Y algunos de sus argumentos son sólidos. Pero dejarlo
aquí representaría un serio peligro, como bien me dice Ramón Saúl
Sánchez, líder del Movimiento Democracia, uno de los grupos que
infiltrara González. El espía convicto conspiró contra el MD y otra
media docena de organizaciones exiliadas pacíficas y humanitarias,
incluyendo Hermanos al Rescate y la Asociación de Pilotos
Cubanoamericanos; hostigó, difamó y amenazó de muerte, mediante cartas y
llamadas telefónicas anónimas, a miembros de esta comunidad; y
desinformó al FBI para obstruir sus investigaciones.

Y esos son apenas los delitos que se demostraron en la corte. González
también habría intentado infiltrar medios de comunicación. Al menos en
un caso cortejó a una periodista que trabajaba en uno de ellos, según me
dice una fuente. Habida cuenta del daño que hizo, el gobierno y la
justicia creen que sus víctimas no se merecen que se salte los años de
probatoria. Al régimen castrista no le gusta que se lo recuerden, pero
González se la ganó portándose como un niño bueno en prisión. ¿Presiente
La Habana que al final terminó cooperando con las autoridades
norteamericanas como hizo la mayoría de los miembros de la Red Avispa
que ni siquiera fueron a juicio y cuyos nombres no figuran en la
propaganda que usa para reclamar a sus "cinco héroes"?

El gobierno federal también tiene la opción de pedirle autorización a la
corte para despachar a González a Cuba, donde vive su esposa, otra
agente de la temible seguridad del estado, y dos hijas inocentes de las
fechorías que han cometido sus padres. Washington, de hecho, le ofreció
a La Habana su inmediata devolución e iniciar el proceso para borrarla
de la lista de regímenes terroristas a cambio de la liberación del
empresario norteamericano, Alan Gross. La gestión la hizo Bill
Richardson. Y ya sabemos que terminó como la fiesta de El Guatao, ese
pueblecito habanero donde, según la leyenda, todos los jolgorios acaban
a piñazos y patadas. Cuba le exigió, con muy malas mañas, la devolución
de los cinco espías, cuyo regreso triunfal a la isla había pronosticado
el omnisciente comandante Fidel Castro nada menos que para diciembre
pasado. Castro, como pueden ver, nunca ha dejado de celebrar, a su
retorcida manera, las navidades que les prohibió los cubanos durante
décadas.

Su patético régimen preferiría que ni yo ni nadie les contáramos estas
cosas. En estos días sus agentes han recorrido redacciones de periódicos
prestigiosos pidiéndoles que investiguen cómo el gobierno de EEUU nos
pagó a mí y a otros periodistas para "crear una campaña que hizo
imposible un juicio justo" a González y sus cofrades. Como si sus
crímenes no hablaran por sí solos. Se refieren a nuestras colaboraciones
remuneradas con Radio y TV Martí, de las que me siento orgulloso.
Periódicos y blogs neoestalinistas han reproducido la infamia. Pero
hasta ahora no lo ha hecho ninguno de prestigio. Aún pesa en la memoria
colectiva el fiasco que sufrió el Miami Herald al hacerse eco de una
patraña similar años atrás. Supongo. Los abogados de los espías
incorporaron columnas mías y de otros colegas en el expediente judicial,
repitiendo las mentiras y calumnias castristas y violando de ese modo su
juramento de no presentar falso testimonio ni cometer perjurio en la
corte. William Norris, defensor de Ramón Labanino, declaró con
desfachatez: "Es una idea que realmente parece la antítesis de un juicio
justo…echar gasolina al fuego con una campaña de propaganda que excede
el concepto de un proceso justo". La fiscalía federal de Miami-Dade
debería investigar la maniobra calumniosa de estos abogados sin
escrúpulos. Yo cumplo con revelársela a ustedes, los lectores. Y con
pasarme por el forro las intimidaciones de los mastines a sueldo de los
Castro.

www.twitter.com/dmorca

http://www.elnuevoherald.com/2011/09/22/1029582/daniel-morcate-castor-entre-sus.html

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